
DULCINEA
¡Oh, Dulcinea del Toboso, día de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura: así el cielo te la dé buena en cuanto acertares a pedirle, ¡que consideres el lugar y el estado a que tu ausencia me ha conducido, y que con buen término correspondas al que a mi fe se le debe!
Don Quijote de La Mancha
Llevábamos mucho, demasiado tiempo, queriendo colaborar. Admiro su extraordinaria voz desde que era apenas un chaval y compraba sus discos. Y, además, he disfrutado de su enorme talento como actriz en los exitosos musicales que ha protagonizado a lo largo de su extensa carrera (Evita es el único que, dada mi edad en aquel entonces, no pude disfrutar en vivo). Y al fin, tras muchos encuentros, conversaciones, confidencias y cafés “con mucha leche y templadita”, ha aparecido el vehículo perfecto para que Paloma pueda saltar a escena como esa gran actriz que siempre ha sido y que su asombrosa calidad vocal quizá ha “ocultado” en exceso. En Dulcinea va a cantar, cómo no, y acompañada al piano por un genio imprescindible en la vida de ambos: Julio Awad. Pero, sobre todo y por encima de todo, en Dulcinea Paloma va a INTERPRETAR, y con mayúsculas, a esa mujer ideal, forjada a golpe de tópicos y ensoñaciones del caballero andante más famoso del mundo, y que ahora nos cuenta su historia desde otro ángulo, ese que solo ella conoce, el que los libros de caballería (por muy geniales que sean) no han sido capaces de recoger. Y lo hace con humor, con dolor, con ironía y con una absoluta sinceridad. Para mí, como autor y director, contar con una artista de la talla de Paloma es un “sueño imposible” hecho realidad. Solo nos queda cabalgar con el público y, distinguiendo molinos de gigantes, mostrar el lado más personal de un mito que, escapando de la sombra del Quijote, tiene al fin la fabulosa ocasión de ser ella misma y hablarnos de su vida y, de paso, dar un buen repaso a la nuestra.
Juan Carlos Rubio



