
TIMÓN DE ATENAS
Timón de Atenas es doblemente satírica —al burlarse de la pretensión social, la codicia y la ingratitud— y profundamente irónica al mostrar la difícil situación del héroe, su ceguera ante quienes lo rodean y su caída en la misantropía.
Aun así, Timón de Atenas sigue siendo sobre todo una poderosa voz que articula una visión sombría, apelando a nuestra propia inclinación —por más diluida que nos parezca— a la misantropía. Durante toda la función, Timón nos interpela, incluso desde la tumba, para confirmar nuestros temores sobre el grado de maldad e ingratitud al que son propensos los seres humanos.
Es una obra impregnada de sátira, en la que la ironía es la clave que la atraviesa, hasta que en la escena final cambia con destreza entre la comedia y el patetismo. La comicidad de Timón eleva y confirma su gran dolor.
Timón de Atenas no solo es la tragedia más amarga y pesimista de Shakespeare, sino que sin duda alguna es el más penetrante análisis sobre el sentido satírico de la vida. Hernán Gené se vale de todos los elementos teatrales a su alrededor para contar la historia de Timón de Atenas, que en su estructural amargura pasa de la filantropía a la misantropía, y de la ciudad de Atenas, el senado y sus palacios, a las playas griegas bañadas por las olas.


